¿Quién no ha soñado con la lucha de un gran lubina durante una sesión de pesca nocturna?

 

Hoy os cuento la historia de una salida al atardecer, que al principio resultó infructuosa: sin capturas, un fuerte viento del sur que me hacía difícil mantener el ritmo de lances y animaciones, realmente laboriosas, con además una gran cantidad de partículas marinas en suspensión... En resumen, como comprenderéis, ¡una noche de penurias! Alrededor de la medianoche, mientras colgaba el teléfono a un amigo que vivía en la zona tras darle un pequeño resumen de las condiciones y los resultados, tuve la sensación de que aun había algo que hacer, pensaba en un último lugar que sería mi última opción. ¡Estaba claro que hasta el momento, los peces no estaban presentes!

 

Así que, sin grandes pretensiones, me dirigí a una parte más "resguardada" donde potencialmente podría encontrar un área para “raspar” a ver si había suerte…

 

Por el camino, me encontré con un joven pescador local que también estaba teniendo problemas para encontrar peces esa noche. Iniciamos diversos debates y discusiones en torno a la pesca, los peces, nuestros equipos, mientras lanzábamos nuestros Shads sin descuidar trabajarlos bien. ¡Es bueno ver que hay verdaderos entusiastas con una cultura "pura" de la pesca, aun con menos de veinte años! ¡Eso es alentador!

 

¡Y luego, de repente, todo se aceleró! En medio de la conversación, mi lenta animación de dos vueltas de manivela, rozando ligeramente el fondo, se detuvo violentamente. ¡Clavo! Empiezan unos vigorosos golpes de cabeza seguidos, que sacan la acción máxima de mi Crosscast... "¡Un pez!" "Y creo que bastante bueno", le digo al compañero. "Viendo tu caña, no lo dudo" replica él. Y tenía razón, porque mi caña doblaba a tope.

 

 

Después de una fuerte pelea, vemos una gran masa blanca durante unos segundos... Fabien fue el primero en verlo: "¡Es una lubina!", dijo antes de agregar: "¡Es enorme!". El miedo de desclavar este pez trofeo se apodera de mí. Fue entonces cuando pasé la caña al amigo, a quien sólo conocía desde hacía una hora, y bajo a buscar el pez yo mismo. El pez está ahí, calmado de costado, sabemos lo delicada que puede ser una lubina cuando quieres agarrarla por la boca así que deslizo mi mano suavemente debajo del pez para atraparlo bajo la cabeza y por la cola.

 

 

¡Qué instantes tan buenos! ¿Quién lo hubiera creído? Esta noche empezó tan mal… Después de una breve sesión de fotos y un poco de re-oxigenación para recuperar los sentidos, este gran ejemplar regresará al abismo sin el menor contratiempo. Son las 1:00 am, y este último spot fue un verdadero éxito